"Lucio Catilina fue de gran fortaleza de alma y cuerpo, pero de
carácter malo y depravado. A éste,
desde la adolescencia, le resultaron
gratas las guerras civiles, las matanzas, las rapiñas, las discordias
ciudadanas, y en ellas tuvo ocupada su juventud. Su cuerpo era capaz de
soportar las
privaciones, el frío,el insomnio más allá de lo creíble
para cualquiera. Su espíritu era temerario,
pérfido,veleidoso,
simulador y disimulador de lo que le apetecía, ávido de lo ajeno,
despilfarrador
de lo propio, fogoso enlas pasiones; mucha su
elocuencia, su saber menguado. Su espíritu
insaciable siempredeseaba
cosas desmedidas, increíbles, fuera de su alcance. A este hombre,
después dela dictadura de Sila le había asaltado un deseo irreprimible
de hacerse dueño del Estado
y no tenía escrúpulos sobre los medios conlos que lo conseguiría con tal de procurarse el poder.
Su ánimo feroz se
agitaba más y más cada día por la disminución de su hacienda y por la
conciencia de sus crímenes,incrementadas una y otra con aquellas artes
que antes he señalado.
Le incitaban, además, las costumbres corrompidas de
la ciudad echadas a perder por dos males
pésimos y opuestos entre sí:
el libertinaje y la avaricia. Puesto que la circunstanciaha traído a
colación las costumbres de la ciudad, el asunto mismo parece
aconsejarnos volver atrás y
explicar brevemente las instituciones de los
antepasados en paz y en guerra, cómo gobernaron
la República y cuán
grande la dejaronpara que poco a poco se transformase de la más hermosa
y excelente en la peor y más infame".
SALUSTIO.